Organizar la ropa de hogar puede ser un problema. Sobre todo, cuando se acumulan manteles, sábanas, mantas o edredones y toallas.

Lo ideal es que cada tipo de prenda esté accesible allí donde es necesaria. Es decir, donde y cuando se necesita: las toallas en el baño, los manteles en el comedor y las sábanas en el dormitorio. Sin embargo hay quien prefiere contar con un armario para guardar este tipo de ropa toda junta.

Elijas la opción que elijas debe tener en cuenta una serie de pautas para asegurar que la conservación y mantenimiento de la misma sea el adecuado.

Guarda la ropa limpia y ordenada. Observa las indicaciones del fabricante para lavar o limpiar la ropa. Aunque a priori pueda parecer que esta no se haya ensuciado, pequeñas manchas invisibles pueden madurar en el armario y con el tiempo manifestarse de forma visible. Además podrás atraer a otro tipo de problemas.

Lo primero para que la ropa blanca esté organizada es agrupar las prendas por tipo: sábanas, toallas, manteles, etc., y guardarlas juntas. Lo ideal es tener una balda para cada tipo de prenda. Guarda las mantas en las baldas superiores, coloca lo más pequeño en cajones y usa bolsas de tela para guardar las prendas de otra temporada. También puedes utilizar cajas para seleccionar cada tipo de prenda. Coloca una etiqueta para saber qué contiene cada una.

Ordenar la ropa con lógica te ahorrará tiempo y recolocar constantemente. Pon a mano lo que más utilizas según cada temporada. Dedica la parte central del armario a las sábanas y toallas que más utilices. En esta zona central también deberías ubicar los cajones con los objetos más pequeños

Doblar lo justo ocupa menos. Si un objeto voluminoso se dobla demasiado, ocupará mucho. Lo ideal es doblar, como mucho, tres veces. Al guardar deja la parte redondeada hacia afuera. Esto hará que sean más fáciles de coger y no tirarás de lo que no es.

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Rota el uso de las prendas, si tienes muchas prendas, no utilices siempre las mismas. Conforme laves una guárdala en la parte inferior. Así siempre todas tendrán el mismo uso y evitarás encontrarte sorpresas. Si algo no lo utilizas, analiza si es porque ya no te gusta o está feo. Deshazte de lo que no sirva. Hoy es un buen día para estrenar.

Proteger contra malos olores y polillas es muy recomendable. Emplea saquitos de lavanda o bolitas de cedro, que aromatizan y protegen de las polillas.

Recicla las bolsitas desecantes de sílice. No las tires cuando las encuentres. Son ideales para evitar manchas de moho y amarillentas en la ropa si el sitio donde las guardas tiene tendencia a la humedad. Este puede ser el caso de lavaderos, baños o vestidores cercanos al baño.

Guarda las toallas por tamaño. Recuerda no doblar demasiado. También puedes utilizar el color como forma de organización y apilarlas por tamaño. Las toallas de mano las puedes guardar, enrolladas, dentro de un cesto: se arrugarán menos.

Pon las mantelerías juntas, poniendo cada mantel con sus servilletas. Envuelve la mantelería más delicada con papel de seda blanco para protegerla del polvo y de la humedad.

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Las sábanas y las fundas nórdicas ordénalas por juegos. Tienes dos opciones para guardarlas. Puedes aprovechar la funda de la almohada para guardar dentro el juego de sábanas entero o “envolver” todo el conjunto dentro de la bajera. ¿Conoces el método KonMari?