Lo que hoy conocemos como plaid era en origen una prenda que los escoceses se colocaban cruzada sobre el pecho. Una especie de manta fina de lana con los colores del clan. Hoy esa prenda ha evolucionado para ofrecernos confort en el hogar y a la vez dar estilo.

El plaid es un compañero perfecto para zonas de relax y descanso. Nos ofrece un extra de calor ante el frio. Es inseparable del sofá, los sillones y el dormitorio. Su variedad tanto en las formas, materiales y estilos lo ha convertido en un elemento decorativo más. Los hay de pelo, de algodón, de lana, de lino, tejidos, bordados, guateados, de cualquier forma que se nos ocurra.

 

Lo ideal es que el plaid, además de funcional, esté en consonancia con su espacio, es decir, que forme parte de la decoración.

En el dormitorio

Lo habitual es colocarlo sobre la cama. Y para gustos los colores: Completamente estirado, doblado por la mitad, colocado en ángulo, enrollado o doblado sobre la cama, doblado en cuatro, con un giro, etc.

A veces no es sólo uno, sino varios los que se colocan uno sobre otro y en varias formas o posiciones, para crear estructuras.

En el rincón de lectura

Colocar un plaid sobre un sillón, o un diván puede ser todo un arte.  Cayendo de diferentes formas sobre un brazo, doblado sobre él o colocado sobre la trasera, las opciones dependen de nuestros gustos. También puede dejarse bajo la mesita de lectura doblado o enrollado, incluso dejarlo en alguna cesta sobre el suelo.

En el salón

Una cesta es perfecta también para el salón, pero las opciones son también numerosas. Al igual que sobre un sillón, el sofá permite gran cantidad de variantes a la hora de colocar un plaid. Todo depende de lo que nos guste.

Lo ideal es que el plaid esté en consonancia con el estilo de nuestro salón. A ser posible que vaya en los mismos tonos para evitar que desvíe sobre sí a atención de forma inadecuada. Pero también podemos optar por generar un contraste cromático conservando una misma línea cromática o estilo.

Otro punto a valorar es el material. Cada temporada tiene su plaid. Un plaid de verano debe ser de telas frescas, mientras que el invierno pide tejidos más cálidos.

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